Karoshi teacher

Resultado de imagen para exceso de trabajo
Más de 12 horas trabajando. Ni siquiera lo que duermo. Guardia de la educación que temporalmente pondrá en segundo lugar a la escritura y los viajes.
Buscando imagen para este texto, descubro a lo que aspiraré si uso la hiperbole los siguientes meses, karoshi, vocable japonés que se utiliza para definir la muerte a causa del trabajo.
Prioridad, avanzar en el curso en línea y enviar la asignación académica, una presentación y diagnostico del plantel, algo así como el planteamiento del problema en una tesis, prioridad antes de sorber el descafeinado nocturno con taco de lechuga y pollo en salsa para aguantar la jornada.
Clases, asamblea y redactar proyectos, platicar con los jóvenes, ir de un lado a otro. Explicar porque algunos obtuvieron tal desgracia numérica en su calificación o porque no redondeo aunque hagan pucheos de primaria o me quieran comprar con libros o algo de la cafetería los de segundo semestre para subir ese 9.9.
En mi trayectoria de diletante escritora y profesora frente a grupo jamás consideré que escribir fuera una maratón de ideas, análisis e información en poco tiempo. Escribir bajo presión un trabajo académico fluye de una forma misteriosa. El estrés, motivación y aprendizaje de los alumnos inspira a que una como docente salga adelante y se someta a las evaluaciones que la reforma laboral, perdón educativa surja como un área de oportunidad para mejorar la práctica docente. Soy una promotora de la lectura y escritura creativa, expresión y discusión de ideas de clóset en mis clases, el sistema es mi trinchera y lucharé para seguir revolucionando lo que pueda en él, mezclándolo con los viajes y la escritura. Por ahora solo serán memorias de una docente en proceso de evaluación de desempeño al termino del segundo año.
Me falta por capturar algunos grupos que recibí tarde. Now i know that feeling, lo que mis alumnos sienten cuando suben a classroom sus evidencias y andan con el tiempo encima. Ya subí la evidencia. Me faltaron detalles pero el tic tac del sistema me tronaba los dedos en la pantalla, con la leyenda: “faltan dos minutos para que se cierre el primer intento.”
Las metáforas se me escapan, similar a cuando un jugador de cartas pierde y las lanza al mar de la mesa. Espero que pese a la falta de tiempo no dejen de surgir ese juego de palabras o esa búsqueda de nuevas formas de usar el lenguaje, esa imperiosa necesidad de contar historias y transmitírselas a mis alumnos.
La noche no ha comenzado para mí, ni siquiera la tarde. El tiempo solo existe para limitar la voluntad del cuerpo y decirle que hacer la mayoría de las veces. Mi alma está armando la antología de ensayo para mí y mis grupos, mi alma teje los textos pendientes que casi cobrarán vida propia y se escribirán por si solos o fundaran un ecosistema de telarañas.  I dont wanna quick writting.
Anuncios

Lady bird

Se puede volar lejos con cualquier nombre

Lady bird was her name.

Identidades, destinos que apuestan la suerte como un palíndromo.

Nueva York o el norte de California no se leen igual.

ni siquiera con alas rojas

que se sacuden por las arterias de una ciudad anónima

en espera de ser invadida por nefelibatos con causa

enfrentándose a los rings de las ideas y estrechos generacionales

que escuchan de las voces

el mejor consejo que una pared  puede dar

quiero que seas la mejor versión de ti misma que puedas ser.

Lady bird, se puede volar lejos con cualquier nombre

escoger una estrella y nombrarla al azar.

Saoirse Ronan

 

 

 

Invisible homeless

Yo era la unica espectadora que lo observaba recostado en la almohada de la calle, soltando delirios de tonaya a modo de monologo o a veces dialogo con quien se cruzara en el camino.

Un sombrero cafe combinaba con la botella de tapadera amarilla y temperamento etilico que lo remonto a una serie de frases entrelazadas sin sentido que el oido ajeno apenas podia captar.

“Por que lo dejo? No hay pedo. Seguro pues. Esa es otra, se parece al amor”

Decia el hombre de kilometraje medio de edad rebasado por impulsos y sorbos de olvido o audacia que rondaba los cuarenta.

Su pierna extendida en el piso dejaba entrever raspones de orillas casi blancas y tatuajes de sangre en su piel como registro de la sapiencia humana en peligro de extincion.

La exploracion humana no ceso en su espiritu aventurero y el azar lo llevo a acercarse a una señora que preparaba hot cakes con la misma parsimonia con la que cuidaba a su nieta de cuatro años, quien miraba al señor como Alicia al sombrerero loco, con muchas preguntas resumidas en una mirada que ni siquiera el trotamundos pudo percibir.

Nadie lo nota, el parece un fantasma de la indigencia que se cuela en cualquier punto sin importar quien este. En cada parada saca su botella y bebe como si fuera liquido vital por antonomasia.

Sus caminatas sin rumbo han transformado la calle en una extesion de su hogar o un patio trasero en el que puede jugar a ser el dueño de todo sin declararlo.

 

Friday Im in traffic

Lo que compartir el amor a las letras lleva. Ir de la colonia tres de octubre al Tecnologico ubicado en Otay industrial es un abismo en cuanto a su geografia humana.

Los jovenes cruzan debajo del puente con sus mochilas como arma de guerra. A la institucion ingresan por la orilla del acceso vehicular, algunos muestran el gafette, otros como yo avanzan en busqueda de su destino, la biblioteca.

Por instinto dejo la mochila y entro al taller de literatura y periodismo, donde antes queria ingresar, pero el horario no me lo permitia. Ahora soy quien ayuda a impartirlo y veo en los rostros veinteañeros esa pizca de ingenuidad pero tambien de astucia lectora de poesia y narrativa principalmente de Milan Kundera, Odin Dupeyron, Poe, Bukowsky y Juan Rulfo, autores que los alumnos comentaron son sus preferidos, quienes los inspiran a producir textos literarios y periodisticos.

Ahora estoy atrapada en la telaraña de trafico para salir de Otay a Gato Bronco.

Las llantas avanzan como pies caminando en la carretera. No veo apice de llegar a tiempo

Mi puntualidad esta en fase teminal y lo celebra una alarma de algun auto por ahi y los camiones de carga colandose en el camino. Algunos deciden bajarse de la calafia y caminar la vereda a congelar el tiempo una tarde de viernes invadida por el exceso vehicular. Paso a paso avanzo.

A ver si el atrapasueños rosa con blanco colgado en el espejo de en medio augure buena suerte, en lo que el chofer y un pasajero hacen recuento de los hechos violentos en la ciudad.

Monologo en San Valentin

San Valentin figura como la navidad de los enamorados que flotan en los cielos de la dopamina y el idealismo.

Desde temprana, abrazos y llamadas se sustituyen por mensajes virales, videos o etiquetas en fb que demuestran cuan presentes estamos en la vida de alguien. Flores, muñecos de peluche y chocolates se ponen en huelga para ser comprados a conciencia y no como un convencionalismo social en el cual se desconocen sus origenes.

Una pareja intenta tomarse una selfie en un food court en medio de la multitud comensal a la hora de la comida. El va de traje beige y corbata roja, ella simplemente una blusa rayada, leggins negros y tennis beige. Mis ojos no dejan de mirar esa disparidad amorosa. Quiza el ame mas. Quiza sus diferencias sean coincidencias. Asi no quiero.

Las emociones se muestran en el aparador de la existencia. Para algunos es una fecha para masturbar un poco la nostalgia de lo que no fue por ciertos estimulos como: tienes una mirada muy penetrante, esa ventana que no cualquiera puede abrir y ahora solo la rendija sonrie de reojo ante el desbordamiento del corazon que fue capaz de sentir.

San valentin apunta su flecha ante la ambivalencia de sentires: alegria y riqueza por los amigos que siguen y se suman y saudade por esas ilusiones que alguna vez fueron potenciales a ser compatibles con los latidos de ese incendio que esta por apagarse y creer que el amor de pareja es como creer en la mitica figura de Santa Claus y su sindicato de remos que lanza condones, dulces, tarjetas de regalo, monos, vales por una cena romantica o un cafe entre amigos.

Impulsos stop it!

Salgo de terapia psicológica en un edificio solitario y verde un domingo cualquiera de enero que se vio agitado por dos razones: el crujir de las hojas mecidas por el viento que sucumben ante la gravedad y la cólera de un desconocido que grita por teléfono infinidad de sandeces lastimándose a si mismo, al golpear su puño con el cofre del auto blanco y seguir alterado por la naturaleza de las circunstancias, que lo someten a encerrarse, golpear sus manos en el volante y darse de bofetadas hasta cansarse de vencer su misteriosa frustración.

Lo miro, un fuerte impulso me tienta a acercarme para salvarlo de si mismo y masturbar mi soledad sin que él supiera. Su piel blanca se antoja para calmarla como una madre a su hijo en un vendaval de ternura y descubrimiento, aunque después pudiese terminar en incesto o lo que se conoce como post coitum omne animal triste est, que quiere decir, sentimiento de culpa o tristeza que algunos llegan a sentir luego de tener sexo.

Resisto, recordando una de las máximas en la insoportable levedad del ser de Kundera: ajustar el reloj de la cabeza y excitarse viendo una golondrina para salvarse de un amor aun no concretado con la estupidez del sexo.

Desde la esquina lo observo enojarse consigo mismo. Endurezco mi cuerpo para no provocar que pase algo y perjudicar esos gramos de tranquilidad en domingo.

Estiro mi brazo para tomar el taxi que se dirige hacia el centro de la ciudad vacío por la quietud de un día anterior a regresar a la rutina y atestar de tráfico cada una de sus arterias principales.

Al fin el transporte publico me rescata, tomo asiento hasta atras. El chofer y un pasajero hablan de colores que quieren gobernar. La camioneta verde avanza. Mis ojos miran a ese endeble caballero larguirucho atascarse de enojo en privado, sin reparar en mi vigilia a distancia.

Una taquicardia procura vencerme y estar a punto de bajar para correr y saber que pasa, curiosidad aplastada por el raciocinio y decide alejarse.

¿Acaso pretendo ser una heroína sin causa, o exentarme de complicaciones que yo misma provocaba?

Elijo la segunda, siento que luzco signos de interrogación en mi andar, como si hubiera sustituido la pashmina para expresar en silencio una y mil preguntas que me venían a la mente.

II

Mi zona de confort ha muerto y no me gusta como resucitó entre la modernidad y laberintos para llegar entre máquinas de apuestas  y ludopatas que entregan su libertad a la tecnología y las luces brillosas que sorteaban los ánimos de aquellos valientes que intercambian su sueldo por unos minutos de adrenalina.

El casino parece la madriguera de Alicia en el país de las maravillas, cada vez voy tocando fondo. Al fin llegó a los baños remodelados de piso blanco y puertas negras. que brilla como las pupilas de recién nacidos. No hay enchufes en la pared, solo espejos que se burlan o felicitan a toda aquella que se atreva a mirarse. Busco la protección entre ese espíritu del azar oculto en los sanitarios. Ya no está. Ahora, ese aire que me abraza en sanitarios decentes donde podía atreverme a sentarme en el piso y esperar que pasaran las horas mientras cargo mi celular, se ha ido. Una haitiana espera que me retire sin decirlo.  Apenas miro mis primeras lineas de expresión en la frente. El devenir no espera.  Una de mis manías ha muerto, el baño del casino ya no me hace sentir como en casa.

Different kind of wishes, Merry Xmas?

Resultado de imagen para navidad imagenes reflexion

La navidad es un recordatorio de que un año más está por extinguirse, el nacimiento de Jesucristo, el solsticio de invierno que nos pronuncia de que están hecho nuestros huesos tiritando en cualquier corriente de aire frío o bien un virus excesivo cargado de amor, cuadros ambivalentes que al más sensible deja pensando en el sentido o giro de la existencia.

I

Una señora que aparenta rebasar las seis décadas de vida, contempla la vitrina de una joyería del Centro. Aretes y anillos captan su atención. Los transeúntes caminan sin darse cuenta de la revelación enfundada en esos ojos arrugados que apenas y parpadean ante la presencia de oro y escasas monedas en la cartera que contrastan con el largo de su cabello cubierto de algunas canas y lacios castaños que añoran combinar con ese juego de alhajas.  ¿Deseo por el significante o el significado?

 

Mis pasos avanzan hacia el otro lado de la calle, pero a distancia se alcanza a percibir esa añoranza por cargar piedras preciosas o recibir una promesa eterna de cari؜ño.

 

II

Voy por la línea internacional de San Ysidro la mañana de nochebuena, unos diez grados centígrados golpean a los fronterizos que madrugan para cruzar pronto y formar parte de un patético espectáculo, peor que una patada en el corazón que provoca un nudo en la garganta y como primera reacción se culpa al gobierno, a la falta de sensibilidad por parte de la sociedad y por último a los padres de familia. Mujeres cargando bebes que ponen en duda su maternidad, por la indiferencia con los que sostienen a los menores en una cobijita que apenas y cubre su cuerpo, lo suficiente para dejar ver el llanto de un niño desesperado que deja correr sus lágrimas en la carretera de sus mejillas, la hipérbole de alguien que apenas lo recibe el mundo de la peor manera, siendo artillería de chantaje emocional o cómplice de una miseria voluntaria o involuntaria que para algunos puede ser una lección de vida, quizá los cegados por el materialismo decembrino.

 

III

Una tienda departamental funge como el paraíso del consumismo y ofertas al por mayor es escenario de una conversación chistosa, pero contraria a la situación anterior, a tan solo unos metros de donde comienza la patria. Un niño asiático quiere ver el contenido de una caja que va en el carrito con logotipo azul, su papá trata de alejarlo, pero él insiste.

—Hey if u insist im gonna call Santa and Im gonna say u are not obeying your father. I have his number.

Yo rio en mis adentros, al ver adultos ser cómplices de una ficción que crea felicidad vestida de rojo, el significado de recibir, merecer o simplemente creer que por venir al mundo sin pedirlo merecemos todo, cuando en realidad si la suerte o las circunstancias nos regalan flores al ser felices y tener lo que se desea.  Curiosamente ese no es el verdadero significado de la navidad, sino recordar uno de los valores universales per se que es el amor.

 

 

 

 

 

 

 

Panini broken heart. Viaje en el tiempo.

Resultado de imagen para panini giusepisNunca me han gustado los finales ni las despedidas, solo en la ficción los puedo apreciar como un cuadro art deco en el que cada elemento crea una armonía que no duele, ni siquiera cuando los ojos despegan la vista de una obra.

En la vida, el ser humano está obligado a cerrar ciclos en el momento menos esperado. Hace unos días así fue. Como un ave que choca contra la ventana, recibí la noticia por parte de un mesero que rompió mi corazón y volcó un suspiro en lo que tomaba la orden.

—Ya no preparamos Paninis, señorita.

— ¡No es cierto! ¡¿Como que ya no!? ¿Por qué?

El joven con el delantal negro y camisa blanca no supo que responder y preferí que tomara la orden al resto de los comensales para digerir la noticia de que el fin de una era había llegado. ¿Cómo es que los sabores aprehenden los recuerdos de tal manera que su falta de existencia, es como si se llevara consigo esas memorias?

Jamás me había dolido tanto la despedida de un sabor que amparaba en su preparación: pan cubierto de ajonjolí, mayonesa, lechuga de corte fino, tomate en rodajas delgadas y  salami. La felicidad puede residir en la boca, aunque sea unos instantes o más bien unos cuantos bocados.

En esa tragicomedia breve, saltaron a mi mente la ingenuidad de los veinte. Cuando acompañaba a mis amigos de la universidad a la cafetería, mientras yo veía en la barra de comida esa caja transparente que incluía un panini italiano con ensalada de codito —por tan solo cincuenta pesos. —Comida de lujo que solo en ocasiones especiales podía disfrutar, como aquellos días en que la inseguridad era el pan de cada día y la torpeza emocional a veces arrasaba  con cualquier decisión.

Como aquellos días en que la sed de experiencia y aprender rebasaba las aulas y discurría en discusiones famliliares, remakes de la canción de José José 40 y 20, La tregua de Benedetti y  algunos intentos kitsch de poesía y crónica urbana .

Como aquellos días en que la ingenuidad estaba tatuada en mis neuronas y creía que entre el sexo y el amor no había distinción, que un camino conducía a otro. Como aquellos días en que creía en la amistad y que ningún amigo puede abusar del afecto y robar un aparato electrónico sin decirle a nadie, ni siquiera confrontarlo. Como aquellos días en que los celos por no vivir tanto o no gustarle a extranjeros  pudieran más que otra cosa, como aquellos días en que escuchar tras el teléfono eres una pinche puta, puta, puta se volvían costumbre a base de ruegos para que no se colgara la llamada… Como aquellos días en que el alcohol resultaba necesario solo en pequeñas dosis y a mediodía.

Como aquellos días en que la terquedad por sentir esa base hecha a base de binomios rebasara todo ápice de dignidad humana. Como aquellos días en que las platicas after sex se volvían una cátedra muy interesante que a ritmo lento de caricias incurría un circulo vicioso Como aquellos días en que el cortejo sexual implicaba ser algo más que mi ropa interior y mis carnes al desnudo.

Como aquellos días en que salir a solas no se sintiera tan espantoso mientras mordía ese equilibrio en forma de panini. Como aquellos dias en que cumplir la agenda periodistica imponia mi rutina. Como aquellos dias en que hacer entrevistas resultara vergonzoso al inicio, pero al final satisfactorio.

Como aquellos días en que declinar la costumbre por la libertad sonaron a triunfo. Como aquellos días en que arriesgar por los latidos valiera la pena. Como aquellos días en que pensar y sentir resultaban sinónimos.

A veces no esperamos el final, pero llega de golpe a arrebatar lo que ya fue, tal como afirma el psicologo, Daniel Kahneman: “Los momentos finales de una experiencia determinan el recuerdo que conservaremos de la misma” Así, en una mordida ficticia de panini cierro mis veinte.

 

Visita al refugio de palabras: Biblioteca Gustavo Aubanel

Las bibliotecas son los refugios de las palabras que esperan conversar con los potenciales a lectores de una y mil ideas. La prosa o el verso se vuelven materia prima para convertir dichos espacios en paraísos, según Borges.

Así fue esta mañana que reunió a las nubes en complicidad con las vísperas del invierno para someter a prueba la concurrencia de una lectura de aforismos, poemas y crónica urbana.

Un público cautivo y heterogéneo me esperaba en la sala de lectura de la biblioteca Gustavo Aubanel. Los asistentes parecían salir de la nada intencionalmente. Un joven  se admitió rapero y fanático de la rima, cargaba una novela norteamericana y sonreía al final de cada texto que salía de mi voz, una señora pelirroja de bata blanca con logotipo del gobierno estatal, una ama de casa tímida, un policía municipal atento a la presentación en su horario de descanso, un señor de la tercera edad de saco azul que parecía tomar notas mentales y prestar más atención de lo normal, un señor de gafas redondas y camisa cuadrada que solo se dedicaba a observar como vigilante de las palabras.

En la sala solo se escuchaba el liquido vital para despertar agitarse en la cafetera, en lo que preparaba los disparos verbales y miraba a todos lados en espera de la señal para comenzar. Nada, la incomodidad del silencio me obligó a romper el hielo e iniciar para no sentirme como las geishas de Arthur Golden en Memorias de una geisha, que a ojos del autor, odiaban estar sin hacer nada.

Inicié el desencuentro de ideas con un homenaje a la lectura que da vida. Ahí cité a mis autores y personajes favoritos, admití haber sido una mezcla entre Sabina y Teresa de la Insoportable levedad del ser, vivir como Laura Avellaneda de La tregua y expresar como en la novela el Libro salvaje, que los libros nos encuentran.

Después desnudé parte de mí al leer mis primeros pasos en sociedad con la palabra escrita, el poemario, Inventario de ilusiones, aquel que pienso que pese a la falta de cierta calidad en algunos textos, me puso en el mapa cuando menos hace algunos años.  Los pininos de una escritora en ciernes que habla de sus experiencias y fracasos amorosos a punta de lanza y cierra con poesía erótica.

Procuré establecer un dialogo con cada uno de los lectores. En vez de hacerlo una tradicional presentación editorial donde el autor parece estar en una especie de monologo en torno a su obra o elogiarse a si mismo, cuando no hay presentador que se encargue de ello.

—¿Que se les viene a la mente con este texto? ¿Que imaginan? ¿Que entienden?— Luego de someter los textos a la subjetividad de interpretaciones venían algunas intervenciones de mi parte para explicar algunos delirios que brotaron de mi mente, como aforismo de inspiración que describen escarabajos parpadeando en el cursor de la pantalla. respuestas interesantes de todo tipo hasta que la controversia desenvainó la mudez del señor de la tercera edad que aprovechó la oportunidad de la palabra para recordarnos la misión del gobierno, fregar al ciudadano y poner en jaque política a la diletante escritora en cuestión.

—¿Usted es panista o priista?  ¿Quien patrocina tus libros?  ¿Si sabias lo que representaban los molinos de viento para el personaje de Quijote de la Mancha?

Tras la fuga de silencio y la controversia ideológica  me dedicaba sonreír por ser réferi y boxeadora en un round de palabras entre los usuarios de la biblioteca. La intención era llevar la promoción de la lectura a través de mi obra literaria y compartir experiencias lectoras sensibles y de vida.

Ya estaban por dar las once y media matutinas, la cafeína estaba por terminarse. Apenas habían quedado galletas que discretamente los asistentes tomaban para alimentar algunas neuronas  que exploté con algunas lecturas.

La visita al refugio de palabras fue un paréntesis matutino de ideas deshilándose entre una docena de extraños que por una hora compartieron la dicha de la palabra hablada y escrita y el pensamiento arrancado de las entrañas. Strangers in the morning, diría Frank Sinatra.

La imagen puede contener: una o varias personas, personas sentadas e interior

 

 

 

 

 

 

 

 

Collage de miércoles

Días como hoy consumen los minutos, cuando la noche se traga al sol en un solo bocado a partir de las cinco vespertinas y casi obliga a recobrar la memoria de lo que fue en un día de otoño con leves presagios veraniegos.

Postales urbanas se estampan frente a mis ojos y es inevitable no querer registrarlas cuando la vida se va en arrebatos cotidianos que el tedio nos impide ver con cierta capacidad de asombro, como si esos Dolce Gabanna eyes o DKNY oscuros no dejaran apreciar la realidad de las cosas o lo aborregado del cielo que camina junto a mis ojos por la ventana, en lo que el taxi avanza una cuadra más.

Un pit bull café ladra frente a la ventanilla de un oxxo exigiendo ser atendido como un cliente más que tiene hambre y es invadido por la prisa de un antojo que manifiesta a fuerza de ladridos, mientras una madre de familia y su hija observan al can aparentemente furioso y se preguntan si va a entrar o no.

Un hombre de cabellos despeinados abanderado con una camisa rota cubierta con un saco arrugado y descosido confunde a los daltónicos que no saben distinguir entre el gris o rubio cenizo. Su mirada parece concentrada, como si sus ojos estuvieran más redondos y brillosos. Nadie lo corre, nadie lo mira, apenas la cajera que le cobra una botella de Tonaya que compensa una búsqueda sin fin a paso lento.

La puerta abre y cierra un ritmo que parece normal a ciertas horas. El can logra ingresar con una naturalidad que camina como si supiera que va a tomar de los anaqueles. Una comensal observa el espectáculo y sonríe con asombro en lo que recuerda que desde hace rato tenía ganas de ir al baño.

Para abrir los sanitarios de la gasolinera hay que solicitar a la despachadora abrirlos prioridad, mayor seguridad de los clientes. El eco y la oscuridad abrazan esa privacidad que espanta. Las puertas suenan como las rejas de la cárcel. Cerca se alcanza a oír el canto del bebedor y su ritual de abrir la botella dorada.

Ya casi son las cuatro y las nubes comienzan a reunirse en la alfombra del cielo mientras hago repaso de las postales urbanas que se incrustaron en la correspondencia de la existencia.